La primera reacciòn que generan las declaraciones del actual ministro del interior Giuliano Amato sobre el tema de las inmigraciones es la de ponerse a reir. Pensemos por ejemplo a la idea genial de crear listas de empleo en el exterior. Me imagino que en lugares como Mogadicio, o en la frontera entre Eritrea y Somalia, en Chad o en el Darfur, por no mencionar ciudades como Bagdad o Mosul, los futuros clandestinos se digan a sì mismos, mientras esquivan las bombas y mantienen la cabeza agachada para evitar las balas: pues sì, vamos al consulado italiano para ver si en Foggia necesitan personas para la recolecciòn del tomate o si en Bèrgamo hacen falta lavaplatos!
Y no sòlo eso, pensemos en otra idea fantàstica del ministro Amato, el extradiciòn “voluntaria”. Te pago el boleto de aviòn – le dice Amato al vago y desagradable clandestino – y te doy tambièn un “souvenir” de recuerdo. Ademàs te ofrezco 50 ò 100 euros, asì puedes iniciar alguna actividad econòmica en la sabana y de esta manera no regresarais nunca màs por aquì.
Si quizà eres un futuro premio nobel, especializado en nanotecnologìa o biotecnologìa, puedes venir y traer tambièn a tus amigos. Pero atenciòn: queremos sòlo que vengan los cientìficos, no los humanistas, porque de ese gènero ya tenemos bastantes. Pero recuerda que sòlo tienes que ser negro o pobre. Si en cambio eres un experto de arte o un director de un museo te espera solamente el Centro de permanencia temporànea, como le ha ocurrido pocos dìas atràs a tu colega de Bulgarìa.
Admitamos que la ùnica cosa concreta que ha declarado el ministro es la permanencia de los Cpt y, ademàs, su posible articulaciòn. Mientras que en algunos centros se ocupan de las “señoras africanas que tienen niños” (quizà orientàndolas hacia la pràctica de la religiòn catòlica?), otros centros (estructuras de “detenciòn” o de “semi detenciòn”) estaràn a cargo de la sistemaciòn de los “criminales” y de los inmigrados menos “agradables” (se estarà referiendo a los feos o a los sucios?). Por otro lado, el hecho que los Cpt no son, en teorìa, lugares reservados para los criminales, què significa la palabra “semi detenciòn”? Què no hay sòlo rejas en las ventanas sino tambièn flores? Què el domingo a los clandestinos les viene dado el postre?
En realidad detràs de estas ironìas, el ministro Amato refleja una mirada en comùn que tienen nuestros gobiernos sobre el tema de la inmigraciòn. Desde los ministros Napolitano y Turco hasta el ministro Amato, pasando por los notorios ministros Bossi, Fini y Pisanu, la lògica siempre es la misma. Decir barbaridades (por ejemplo hablar sobre las “enfermedades” de los inmigrados) para alimentar la retòrica y la pràctica de las expulsiones. Dichas pràcticas tienen a su vez no tienen como objetivo el frenar la entrada de clandestinos en el paìs, sino màs bien el de filtrarlos a travès del miedo, de esta manera terminan trabajando en condiciones serviles y de subordinaciòn.
Es asì que desde hace meses, este periòdico y otros màs comunican el hecho que centenares de polacos desaparezcan en un vacìo total (o quizà una decena de ellos fueron sepultados en la regiòn de Puglia) sin que nadie, ni siquiera el ministro Amato, se preocupase minimamente.
De este modo, en un continente que dentro de pocos años contarà con la cifra de màs de 500 millones de habitantes, desde Finisterra hasta Kiev (o hasta el lago de Van) se preocupan por el desembarco anual de 50.000 personas. Por esta razòn se construyen centenares de Cpt, se alzan muros urbanos, se difunde el terror hacia el marroquino violador de mujeres y se le rinde homenaje a Orianna Fallaci, no sòlo para permanecer etnicamente puros, como pregona la derecha, sino para poner en su sitio a los nuevos esclavos.
Se impone un solo cuestionamiento: todos aquellos que hoy en dìa pertenecen al gobierno y que con anterioridad pretendìan abolir los Cpt, dònde se encuentran?
No serà quizà que los famosos candidatos al gobierno sòlo pretendìan nuestro voto? No podemos creerlo, porque de ser asì no nos queda màs que esperar y tomar nota para las pròximas elecciones.
de Alessandro Dal Lago