Los muros de la infamia y de la intolerancia.
En el último cuarto del siglo XX, aquello de las guerras mundiales y de los genocidios, el Muro de Berlín ha representado el horror y la voluntad de someter a los pueblos en nombre de la ideología, dividiendo naciones y familias.
El Occidente toleró aquel muro por décadas y sólo un Papa polaco y un presidente americano llamado Reagan emprendieron una batalla para demolerlo.
Era el 1979 cuando los Pink Floyd compusieron The Wall, una canción que cuenta de un muro imaginario y al mismo tiempo perceptible, un muro construído por la ajenación y cargado de esquizofrenia.
The Wall fue también banda sonora de un épico concierto de Roger Waters sobre las ruínas de aquel Muro derrumbado con golpes de pico en noviembre 1989. Muros, barreras.
En la antiguedad el Muro de Adriano y la Grande Muralla China fueron baluartes de defensa para las civilizaciones amenazadas por los bárbaros que empujaban en las fronteras.
Hoy, tras la demolición del Muro de Berlín, los mismos defensores de la libertad y de la democracia levantan Muros por el mundo. Muros de defensa. Muros construídos por quien, incapaz de resolver el sufrimiento de los pueblos, los esconde detrás de barreras. Sólo queda «un canto del gallo por barrios oscuros», el grito de Juan Pablo II en contra de la barrera que separa la Cisjordania. «La Tierra Santa no necesita de muros sino de puentes», dijo en 2002 el Papa polaco que con sus presiones y sus oraciones dio un golpe de pico decidido al Muro de Berlín.
No obstante, la barrera de defensa de Sharon sigue adelante. Una enorme ópera de 650 km, tres veces más alto y dos veces más grueso del Muro de Berlín. Los israelíes lo llaman «gader hahafrada» (cercado de separación), los palestinos «al Jidar al Fasel al unsuri» (muro de separación racista), la comunidad internacional «barrera de separación». Miedo e incapacidad a dialogar, por una parte y por la otra.
Así se trata de exorcizar aquella extensión de cemento: pintándolo con graffiti y llenándolo de foto para que parezca menos agobiador. Desde hace un tiempo se pueden ver algunos carteles gigantes fijados en el muro: representan rostros de israelíes y palestinos, similares tanto en la felicidad como en el dolor. Forman parte de un proyecto, llamado «Face2Face», concebido y realizado por dos franceses, Jr. y Marco.
No obstante, en Tierra Santa, hay un muro milenario que es símbolo de paz y reconciliación con Diós, donde se va en romería para hablar con diós.
Parece que los muros no se acaban nunca en este principio del signo XXI, y parecen ser el único recurso de los Países Desarrollados en contra de lo desconocido y de la incapacidad de enfrentarse a situaciones políticas complejas. Así nacen los muros de Baghdad: millones de dólares para dividir los barrios chiíes de aquellos sunníes.
Un negocio multimillonario que enriquece a un emprendedor sunní, Ahmed Chalabi, y al ejército del Mahdi, las milicias chiíes de Moqtada al Sadr que proporcionan mano de obra. Hay proyectos para levantar muros en otras 50 ciudades iraquíes. En tanto que desaparece parte del muro en Chipre, surgen otros.
Esconder y proteger. Cerrarse dentro de su proprio cascarón de cemento protegido por campos de minas, telecámaras y corriente eléctrica. Protegerse de los «diferentes», de los extranjeros.
Así es el muro entre Estados Unidos y México. Así el muro financiado por la Unión Europea para impedir que los clandestinos entren en el enclave español de Ceuta. Así es el muro de la calle Anelli en Padua que esconde y protege la ciudad de los inmigrantes.
El muro en la frontera de Estados Unidos (concebido por Clinton pero apreciado por Bush) formaba parte de la «Operación Guardián» que, entre otras cosas, prometía bloquear el flujo de clandestinos que pasaban la frontera con estados Unidos.
Los datos sobre la inmigración clandestinas evidencian que desde 1994 hasta hoy el flujo de clandestinos no ha disminuído sino que ha aumentado de unas 300.000 personas por año.
La utilidad del muro es así escasa y además de ello, estropea el panorama del Oceano Pacífico donde acaba.
Hoy otro pontífice, Benedicto XVI, el papa teólogo, pide «más humanidad para los inmigrantes» y la demolición del muro entre México y EEUU. El obispo auxiliar de México D.F., Gregorio Rosa Chávez, ha declarado que «la construción de este muro es una ofensa para la dignidad humana y que es una declaración de desprecio a toda América Latina».
Mientrastanto en el desierto del Sahara, destaca como una antigua obra entre las dunas, el muro marroquí construído con el objetivo de proteger el territorio ocupado por Marruecos de los ataques del Frente POLISARIO.
Otro muro más se levanta entre las montañas del Asia Central: Pakistán ha empezado la construcción de un muro de defensa a lo largo de la frontera con Afganistán. El Ministerio de Defensa Afgano ha protestado en contra de esta ópera a causa de las disputas fronterizas entre los dos países. Según los servicios de inteligencia afganos, Pakistan ha empezado a construir el muro en el área de Barmal, que está en la provincia afgana de Paktika. El mes pasado el presidente pakistaní, Pervez Musharraf, anunció su intención de construir el muro a lo largo de esa zona para limitar la capacidad de movimiento de los talibanes entre los Estados.
No obstante, según Afganistán el muro «no ayudará la lucha al terrorismo sino que dividirá familias y tribus» fomentando tensiones y motínes. «Si en un ambiente integrado se introducen divisiones artificiales, surgen anomalías», escribía el americano Mark Ehrman a proposito del muro de Berlín. Estas anomalías siguen produciéndose.