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El ingreso del albergue
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Border Line Crisis Center: Judith, un corazon anarquista al lado de las mujeres migrantes

La tercera parte del reportaje «Tijuana. fronteras, resistencias, sueños»

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La tercera parte del reportaje de Andrea Miti 1 desde Tijuana informa sobre Border Line Crisis Center, un espacio gestionado como centro comunitario para la población migrante. El centro es también un refugio para mujeres y niños en tránsito, incluidos grupos especialmente vulnerables como afrodescendientes, indígenas, LGBTI y personas con discapacidad. “Este espacio“, escribe Andrea, “quiere ser resistencia, libertad, autodeterminación, autonomía. Es una de las realidades que tuve la suerte de conocer en Tijuana, de los que miran a los márgenes y se adentran en ellos para traer cambios, para denunciar, para problematizar, viendo a las personas antes que ‘migrantes‘”.

Judith Cabrera de la Rocha, tijuanense, codirectora del albergue, me contó cómo nació y evolucionó el centro y cuál ha sido su experiencia“.

Vista de la plaza comercial donde se encuentra el albergue

Tijuana. A 200 metros del puerto de entrada del Chaparral y a 700 metros de la garita de San Ysidro hay un pequeño albergue. Al llegar no está claro si está abierto, porque la cortina metálica está casi siempre cerrada por razones de seguridad. La única forma de averiguarlo es tocar o echar un vistazo por las grandes ventanas laterales, donde a menudo se ven niños correteando o mujeres charlando en pequeñas mesas. La entrada se encuentra bajo un porche adornado de murales y en la parte superior con una pancarta con la inscripción, en colores descoloridos por el sol y el tiempo, “Border Line Crisis Center2.

Si necesitas ayuda, información, un albergue, simplemente toca esa puerta. Alguien del albergue te va a abrir la cortina y te va a preguntar sonriendo qué es lo que necesitas, en qué se te puede apoyar, qué información necesitas. Esta es la situación en la frontera en tema de asilo. ¿Necesita ropa? ¿Necesita comida? ¿Necesita un albergue? Aquí pueden quedarse. Tres son la reglas mas importantes: nuestro espacio se basa en el apoyo mutuo, entonces si quiere estar aquí tiene que apoyar en algo; la segunda regla importante es de cuidar a tus hijos, nos encontramos en un área muy poco segura; la tercera es respetar a las demás, esta es su casa, una casa incluyente, libre de discriminación basada en genero, raza, religión, preferencia sexual, prejuicios, y violencia.

Hay que respetar los acuerdos de la comunidad. No todas son reglas rígidas. Son acuerdos que han hecho las personas que han pasado por aquí antes. Estas se pueden discutir en círculo cada semana, para que se adapten a todes. Hay una cocina comunitaria, un espacio de juego para los niños, un espacio para las clases, un comedor y una clínica herbal.

Border Line Crisis Center es una organización que lucha por ofrecer redes integrales de apoyo a la comunidad migrante, ya sea en tránsito, refugiados, deportados o solicitantes de asilo, partiendo siempre de sus necesidades y basándose en los recursos locales disponibles a través de un gran número de colaboraciones. El espacio pretende ser un centro comunitario para la población migrante, pero también cuenta con un albergue para mujeres y niñez en tránsito, incluidos grupos especialmente vulnerables como las comunidades negra, indígena, LGBTI y personas discapacitadas.

Puede recibir hasta 65 personas, y este último año recibió sobre todo a mujeres mexicanas, centroamericanas, haitianas, y a su niñez.

Salon del albergue con casitas de campaña

Al entrar, uno se encuentra con un gran patio techado, ocupado en gran parte por tiendas de campaña de diferentes colores y tamaños. El patio ha estado prácticamente tomado a lo largo de los años, en lo que solía ser una plaza comercial abandonada, consecuencia de una economía turística en declive. Curiosamente, de las cenizas de una plaza comercial ha surgido un centro comunitario que sigue prosperando. En el mismo edificio hay una clínica médica gratuita y otro albergue para familias migrantes.

El ambiente en el interior es muy diferente al de un albergue convencional. A menudo parece un centro social autónomo, por la forma en es mantenido por las personas que viven en él y pasan por él. Cada persona deja aquí una huella. El mantenimiento básico del centro es enteramente responsabilidad de las residentes. El trabajo del personal y de los voluntarios, es aportar algo más, establecer colaboraciones, recaudar fondos, facilitar el acceso a los servicios, médicos, jurídicos, psicológicos, organizar actividades educativas, culturales y artísticas para niños y adultos, o simplemente charlar y chismear con las residentes y la niñez que viven aquí.

Este espacio quiere ser resistencia, libertad, autodeterminación, autonomía. Es una de las realidades que he tenido la fortuna de conocer en Tijuana, de las que miran a los márgenes y se adentran en ellos para traer el cambio, para denunciar, para problematizar, viendo a las personas antes que a los “migrantes“.

Judith Cabrera de la Rocha, tijuanense, codirectora del albergue, me contó cómo nació y evolucionó el centro y cuál ha sido su experiencia. Su energía y compromiso, su pasión por los proyectos comunitarios, su postura anarcofeminista y su sentido de la justicia le dieron la fuerza para dirigirlo durante casi dos años sin salario.

Judith sirve comida con compañeras del albergue a un campamento del puerto de San Ysidro formado el pasado mes de junio

¿Cómo te acercaste al tema de la migración?

Yo crecí aquí, y uno se va desensibilizando al tema. Mi mama es una desplazada, por desplazamiento forzoso. Llegó a Tijuana huyendo de violencia familiar. Aquí, en mi casa recibió prácticamente a todo su rancho. Todos llegaron a Tijuana con ella, porque tenía un restaurante, donde podían trabajar un tiempo y seguir con su destino y sus planes. De una manera muy intuitiva, mi mamá tenía su propio albergue, para su familia y sus vecinos del rancho. Yo creo que no hubo ni un momento en toda mi niñez y adolescencia, que no hubiera gente de Sinaloa en mi casa. La migración era tan común, que dejas de verla… los árboles estaban muy cercanos para ver el bosque.

Me acerqué más al tema de la migración en 2018, cuando llegó la caravana. En ese entonces era parte de la colectiva del Enclave Caracol 3. Las compañeras del Enclave se solidarizaron mucho con la gente de la caravana, y empecé por ahí. La caravana la vi venir por los medios, y venían estigmatizándola terriblemente, satanizándola. Eran “unos criminales, drogadictos, desagradecidos”.

Era tanto el odio, la xenofobia, el miedo. Se podía claramente escuchar el discurso de Trump traducido al español 4. La misma gente de Tijuana, que es una ciudad fundada por migrantes, para migrantes, que creció únicamente por la cantidad de migrantes que han llegado, de repente estaba diciendo cosas y compartiendo discursos de odio sin sentido…

En el primer albergue en que trabajé entré como gestora cultural más que otra cosa, y luego me encargué de los cuidados colectivos y de la salud mental. En ese albergue me di cuenta de que las mujeres solas, aunque viajen con sus hijos, aunque estén en un albergue, siguen sufriendo acoso y discriminación. El machismo es rampante, la misoginia es muy fuerte. De igual manera entre las mujeres, todas venimos de una cultura patriarcal y machista, aunque no tengamos el poder de opresión que tienen los hombres. Todo el mundo en un albergue puede ir a trabajar, excepto las madres autónomas, porque no hay nadie que se ocupe de sus hijos y esto las limita mucho, limita su movilidad y no pueden tener ingresos.

¿Cómo ha cambiado la migración aquí en Tijuana en los últimos años?

Experimenté este cambio desde dentro. Yo sabía, porque lo vi, que los que emigraban eran en su mayoría hombres, jóvenes, sanos, con ganas de trabajar, que iban a EE.UU. para enviar remesas y mantener a sus familias y regresar a México. Antes, la frontera era mucho más porosa: se podía cruzar, trabajar en la “pisca5 y regresar.

A partir de 1994, con la Operación Guardián 6, endurecieron la frontera, así que la gente cruzaba y tenía que quedarse allí, porque ir y volver ya no era una opción.

En Tijuana, el problema como crisis humanitaria estaba más relacionado con los deportados, también en su mayoría hombres. Pero en la caravana ya no había puros hombres, había muchísimas mujeres también, muchos niños, personas mayores, personas con discapacidades. Muchas mujeres embarazadas llegaban a Tijuana casi deshidratadas, en un grave estado de salud. Eso no se veía antes.. Ya había de todo en la caravana.

Nos dimos cuenta de que no había ni un solo albergue, por ejemplo, para la comunidad LGBT. Todos los refugios que existían hasta entonces eran religiosos y no acogían a personas LGBT si eran visiblemente LGBT. Las mujeres trans no tenían espacio en ningún sitio. Si no tenían con quién ir, estaban destinadas a vivir en la calle y a dedicarse al trabajo sexual, que en la mayoría de los casos conlleva el abuso de sustancias. Esta es la historia del bordo, lleno de todos los inmigrantes que llegan aquí, chocan contra el muro y no tienen adónde ir 7. Por estas razones empezaron a abrirse muchos más refugios con visiones diferentes, que acogen a otro tipo de población.

Nos puedes contar la historia Border Line Crisis Centre?

El albergue empezó como un centro comunitario con recursos para personas retornadas, deportadas. Lo fundó Daniel Ruiz, ahora co-director, en las oficinas de su call-center: decidió destinar una parte para que las personas deportadas pudieran tener acceso a teléfono y computadora para comunicarse con su familias.”

Sufrieron un atentado. Se encontraban al otro lado del puente, en una zona controlada por grupos del crimen organizado que intentaron extorsionarlos. No aceptaron y les quemaron las oficinas. Fue entonces que se mudó de este lado del puente, donde nos encontramos ahora. El territorio donde estamos está dividido entre cinco distintos grupos del crimen organizado. Una banda transnacional controla desde la mitad del puente hasta Chaparral, y otra controla desde la mitad del puente hasta aquí. Otros grupos controlan las demás zonas circundantes. Este edificio en particular está en un punto intermedio, fuera de sus actividades.

El puerto de entrada del Chaparral, la plaza donde se encontraba el campamento

En 2018 estas oficinas se seguían utilizando como un centro comunitario. Trump implementó el programa MPP (Migration Protection Protocol) o bien dicho “quédate en México” en 2019 8. Según esta política, las personas podían solicitar asilo en la frontera, pero tenían que esperar todo el proceso en México y cruzar sólo para acudir a la cita con la corte. Las citas solían ser muy temprano por la mañana y, dada nuestra proximidad al puerto de entrada, la gente se quedaba a pasar la noche. El espacio se convirtió en un refugio de emergencia. Más tarde la gente empezó a quedarse más tiempo.

Campamento Chaparral

Cuando llegué había dos o tres familias a lo mucho, 15 personas, y dormían en espacios improvisados. Yo acababa de quedarme sin trabajo, y no quería saber nada más ni de migración, ni de voluntariado. Estaba muy desgastada. Al final entré como socia, como co-directora… sin sueldo. Yo iba a conseguir mi propio sueldo. Y así pasé un año y medio sin salario. No tenía idea. La recaudación de fondos es muy difícil.

Cuando se formó el campamento del Chaparral, empecé también a trabajar mucho ahí, a título personal, y poco a poco fui metiéndome en más proyectos con las poquitas organizaciones que trabajaban en el campamento.

El campamento del Chaparral era un campamento de personas migrantes muy estigmatizado y deslegitimado 9. Todo el panorama activista y de ONG`s marginaba a quienes iban a trabajar ahí.

Vi a Judith por primera vez en un evento del Día Internacional del Migrante celebrado fuera del campamento, donde hubo un concierto de una artista local llamada “Fémina Fatal”. El campamento fue desalojado a principios de 2022, un año después de su formación 10.

Al mismo tiempo, el albergue crecía, en cuanto a actividades, servicios que podíamos ofrecer, colaboraciones con otras organizaciones. Estábamos en un grupo de trabajo llamado CHA, Alianza Humanitaria Chaparral 11. Border Line Crisis Center, que era una organización relativamente pequeña, consiguió de repente que más de 3.000 solicitantes de asilo entraran legalmente en Estados Unidos siendo parte de CHA. Éramos un grupo muy aguerrido. Esto fue en el año 2021. Teníamos al menos 100 personas aquí, todos los días, buscando una cita con un abogado, o para entrar en una lista, dependiendo del proceso en curso, que siempre cambiaba 12.

En aquel momento, ya estábamos pensando si debíamos acoger sólo a mujeres en el espacio. La idea surgió de mis experiencias anteriores y también estaba vinculada a una perspectiva abiertamente feminista e interseccional. También tenía razones pragmáticas. Los hombres son más violentos, crean más problemas, no están acostumbrados al trabajo doméstico, esperan ser atendidos y no les gusta recibir sugerencias ni órdenes de una mujer.

Tuvimos un caso muy grave de un residente hombre, que apoyaba mucho en el albergue, y que empezó a acosar a las mujeres. Fue un gran problema y ellas guardaron silencio por un tiempo.

Esto nos dio una impresión muy clara de la vulnerabilidad de estas mujeres, del miedo que tenían a las represalias, y del nivel de violencia, control, manipulación y maltrato psicológico que sufrían. Además, el nivel de precariedad en el que se encuentran muchas familias no les permite tener opciones, no pueden decidir irse a otro albergue. No conocen la ciudad, no tienen red de apoyo, ¿adónde irìan?

No queríamos cerrar la puerta a familias que llegaban con hombres, pero siempre, una y otra vez, era de ahí que salía la opresión hacia las demás mujeres o hacia las infancias. Fue bien difícil pero la decisión fue proteger a las mujeres y las infancias.

¿Cuáles son los objetivos de Border Line Crisis Center?

Es un tema delicado para mi corazoncito. Me gustaría que este lugar, además de lo que ya hacemos, un “chingo” de cosas, pudiera ser un lugar de sanación, que pudiera ser un respiro en medio de todo el caos que representa la migración, en medio de todas las trampas que hay sobre la población migrante, los fraudes, las extorsiones, los robos y las violaciones. Me gustaría que fuera un lugar donde vinieran a descansar, sus cuerpos pero también sus mentes y espíritus. Me gustaría crear una conexión con el poder que hay en ellas y que nos une a todas. Por ahora, las prisas, la urgencia, la perenne crisis humanitaria a la que nos enfrentamos y la falta de personal, nos entorpecen un poco.

Me gustaría que tuviéramos más incidencia política y que este refugio sirviera también de plataforma para que las mujeres se organizaran. Esto es muy difícil cuando las mujeres no están politizadas y sus objetivos son otros. La mayoría de ellas están de paso y ésta es la última parada antes de llegar a Estados Unidos. Pero no pierdo la esperanza.

Estoy segura de que existe una estrategia para lograrlo, tácticas que no he visto, pero las encontraré. Hemos avanzado mucho en estos años. Border es uno de los albergues más pequeños en cuanto al número de personas que podemos acoger, pero ya es una de las organizaciones más reconocidas de la zona, con un gran alcance. La veo crecer.

¿Qué encuentran las mujeres que llegan a este albergue?

No me gusta decir que encuentran un lugar seguro, porque creo que eso es imposible de conseguir en esta sociedad. Pero me gusta pensar que encuentran un lugar más seguro, para estar bien, para sus hijos. Un lugar donde sus necesidades básicas estén aseguradas, comida, agua, higiene, un lugar donde puedan encontrar los servicios que necesitan, como salubridad, salud mental, asesoramiento jurídico. No necesariamente les ofrecemos todo esto, pero tenemos los contactos para que puedan recibir la atención que necesitan.

Sin duda, encuentran un lugar muy flexible, que les da mucha libertad: libertad para hacer, para venir, para ir, para organizarse entre ellas, para tocar su música. Encuentran un lugar donde se les escucha, donde se les tiene en cuenta, donde no se limitan a recibir órdenes de arriba a abajo. Eso es lo que me gusta pensar, que encuentran un lugar que les acoge con calidez. También creo que encuentran un pequeño equipo que tiene su corazón en lo que hace, nadie lo hace por el dinero, eso se los puedo asegurar. Pero no hay que idealizar, las mujeres que llegan también encuentran un lugar difícil. Siempre puede haber tensión entre ellas, puede, hay mucha gente.

Las residentes del albergue en una clínica gratuita para recibir atención médica

¿Cuál es el enfoque de la gestión del albergue?

Lo que me gusta, y me prende “machín”, es la organización comunitaria, la autogestión, la autosuficiencia, mi corazoncito es más anarquista que otra cosa. Y lo bueno que le veo al dirigir una organización es que podemos tener las ventajas de una asociación civil sin realmente tener prácticas ONG-eras. Podemos tener prácticas políticas, decidir hasta dónde y cómo trabajar, y seguir teniendo libertad al hacerlo. Mi visión en el albergue sale de una noción de respeto a la autonomía.

Esta flexibilidad que tenemos aquí, o caos, parte de un profundo respeto a la autonomía de las mujeres que recibimos y también de la confianza en que ellas saben qué hacer con su vida. Las personas que residen aquí no son estos agentes pasivos en su propia historia, ni nosotros somos sus salvadores. No hay lugar para esa visión mesiánica. El resultado es este caos. Pero es un caos consciente, no es negligencia, sino que aceptamos trabajar en el caos, y eso es un potencial para la creatividad.

Otra cosa que me gusta mucho de la anarquía es la horizontalidad. Las decisiones que se toman aquí a nadie afectan más que a las residentes, por eso es importante escucharlas y que su voz sea parte del proceso de toma de decisiones. El lugar es de ellas, ellas viven aquí y nadie sabe más de migración que ellas, nadie sabe más de lo que quieren y lo que necesitan.

A lo mejor sabemos más de metodología, de cómo funcionan las dinámicas de esta frontera, por la experiencia que tuvimos en los últimos años. Sabemos dónde ir para conseguir tales papeles, tales servicios. Si combinamos nuestros recursos con los suyos, me parece que todo el trabajo que se hace sería mucho más efectivo, mucho más real, mucho más inmediato.

No es siempre fácil tener esta postura. Hay personas que tienen mentes más institucionalizadas, y les funciona mejor recibir órdenes e instrucciones de manera vertical, como pasa en muchos albergues. Muchas personas no se encuentran bien con la responsabilidad, el apoyo mutuo, la libertad de hacer suyo el espacio. Hay mujeres que no saben usar su voz, les facilitas un espacio para la expresión y se quedan mudas. No es porque no tengan nada qué decir, sino porque el sistema capitalista-patriarcal no les ha permitido practicar el uso de su voz más allá del ámbito privado, no están acostumbradas, y no lo harán de la noche a la mañana. Detrás de estas actitudes hay violencias estructurales muy arraigadas y años de condicionamiento social.

Además, vivimos en una sociedad super individualista, donde cada quien se rasca con sus propias uñas, lucha por su propia sobrevivencia y no se ve como parte de una comunidad. No crecemos pensando que el bienestar del otro es también nuestro bienestar, común y compartido. Crecemos con esta idea de la competencia: entre más tenga ella, menos voy a tener yo, ¿no?

Los recursos son limitados, eso es verdad, la precariedad en el contexto del albergue es mucha y esto desencadena muchos mecanismos de sobrevivencia en las personas. Por estas razones, me pregunto: para las personas que no tienen una visión política y comunitaria del bienestar, ¿será útil llegar a un lugar con esta propuesta?, ¿les pone en una situación difícil e incómoda? No lo sé. Pero ésta es la única apuesta. He visto a gente cambiar, darse cuenta de los beneficios del bienestar comunitario.

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que se has enfrentado?

La verdad es que lo más duro fue la falta de salario. Llegué a un punto en el que ya no podía más, tenía que pagar la renta, la escuela, la comida, tenía que sobrevivir. Cada vez que tenía una urgencia, estaba así, no podía ir al médico. Tenía muchas deudas, mucho estrés. Llegué al punto de plantearme otro trabajo. No podía ni pagar la gasolina. Por suerte, durante esa semana llegó al albergue el primer fondo, que nos permitió tener un sueldo.

Otra gran dificultad fue el hostigamiento que recibimos por parte de las autoridades y el ayuntamiento, por mi trabajo en el Chaparral.

Cuando intentaron desalojar el campamento por primera vez, Judith estuvo en primera línea luchando con la policía y el ayuntamiento para impedir que tiraran las pertenencias de la gente. Junto con otros activistas, consiguieron detenerlos. Lamentablemente también había personas que tenían interés en mantener alejada a la policía para poder continuar con sus actividades, incluido el control del campamento con violencia y extorsión. Judith apareció en muchos vídeos y surgieron rumores de que tenía vínculos con el grupo criminal que operaba en Chaparral.

Puesto de policía abandonado cerca del puente del puerto de entrada del Chaparral

Me sentía en peligro. Tuve mucho miedo cuando me enteré por el ayuntamiento de los rumores. Toda el área por aquí está bajo control de pandillas y grupos criminales, y yo no sabia con quien estaban metidos ellos, si con los de este lado o el otro lado del puente. Tenía miedo de estar en el lado equivocado. En México el 97% de los atentados contra activistas y periodistas no tiene ninguna consecuencia, yo se que no hay protección para nosotros. La policía municipal empezó a controlar nuestras actividades. Empezaron a decir que el albergue no existía, que era puro lavado de dinero, que no había nada, que siempre estaba cerrado. Nunca tocaron la puerta para averiguarlo.

El activismo y la defensa de los derechos te hacen muchos enemigos aquí. Si quieres hacer incidencia política en México tienes que “besar traseros”. Yo no puedo. No soy muy diplomática. Y a ser sincera no me gusta toda la idea de la defensa de los derechos humanos, porque los derechos humanos necesitan estar garantizados por el estado y, para exigirlos, tienes que validar al estado como garante de estos derechos, cuando es el mismo estado quien los viola.

El bordo

Que es Tijuana?

Tijuana es un caos muy hermoso, y muy amoroso. Es muy abundante, en distintos términos. Es una ciudad que ha acogido a tanta gente y ha tenido algo para todos. Ahora también tiene mucha violencia, ha sido una de las ciudades más peligrosas del mundo durante años. Es una ciudad formada por migrantes. Es como una capirotada (un postre típico mexicano, una especie de budín de pan con fruta), nos llegan cosas de todos lados, y al final sale bien bueno. Muy rico.

La búsqueda de una identidad Tijuanense por quienes nacieron aquí me recuerda mucho a lo que hacen los adolescentes, querer definirse a partir de ser diferentes a sus padres. Aquí crecimos hablando inglés revuelto con español, escuchando a Nirvana y Radiohead, hay mucha más identificación con esta cultura, con las películas de Hollywood. Este es el ambiente en el que crecí, se alejaba mucho de considerarse “una ciudad de migrantes”. Pero Tijuana se crea y se define por su situación geográfica, así que para mí tuvo mucho sentido cuando la llamaron “la tercera nación“. Porque definitivamente no es Estados Unidos, pero tampoco es México. Es muy diferente de todo lo demás.

Tijuana es fea, pero querendona.

A menudo utilizan la palabra “transfronteriza” y no me gusta mucho porque, viviendo aquí, no se siente así, no se siente mucho la frontera. Por ejemplo, cuando llega gente de afuera y los llevo a ver el muro en la playa: últimamente me he dado cuenta de que nunca lo había visto. Siempre ha estado ahí. Pero es como si Tijuana hiciera sus cosas de este lado, independientemente de su existencia. Claro que el muro nos define, pero no nos limita. Para divertirnos, para tener una vida muy rica y muy interesante.

PH: Valentina Delli Gatti (Muro fronterizo en la playa de Tijuana). Del reportaje “Bienvenido a Tijuana, bienvenido a mi muerte
  1. Biólogo de formación, soy activista de derechos humanos desde hace muchos años, primero en Italia, en Bolonia, y luego en Tijuana, México. Aquí me especializo en migración internacional y colaboro en diversos proyectos con asociaciones civiles para la protección de los derechos de los migrantes, trabajando en centros de acogida y con asociaciones binacionales. En particular, me interesan los proyectos comunitarios con fines educativos y con enfoque de género
  2. Web site; Página facebook
  3. Centro comunitario autónomo en el centro de Tijuana
  4. Trump, a todo pulmón contra la caravana, CNN (1 noviembre 2018)
  5. La cosecha o recolección, en particular de granos como café, maíz y algodón. Históricamente, la mayoría de los mexicanos que iban a Estados Unidos trabajaban en el sector agrícola del país norteamericano, un sector que aún depende grandemente de la mano de obra de indocumentados
  6. La Operación Guardián, de la que habla Judith, formaba parte del programa de fortalecimiento del control fronterizo del gobierno estadounidense, que empezó bajo la presidencia de Bill Clinton, con la necesidad de detener la inmigración indocumentada en EE.UU. y dificultar el tráfico ilegal a través de la frontera. De hecho, fue durante esos años cuando comenzó la construcción del muro fronterizo que hoy puede verse en Tijuana, mucho antes de que Trump hablara de ello en su propaganda. En otras ciudades fronterizas se pusieron en marcha programas similares. El resultado ha sido la ruptura de la circularidad de la migración mexicana, debido al aumento de los riesgos al cruzar la frontera. Ya las personas eran obligadas a cruzar a zonas desérticas y fluviales mucho más peligrosas, poniendo aún más en riesgo su vida y de hecho aumentando el volumen de los negocios de los traficantes
  7. México: la trágica vida de los deportados en El Bordo, BBC (2014)
  8. México: La política migratoria de Estados de Unidos pone en peligro la vida de los solicitantes de asilo en Tamaulipas, MSF (2019)
  9. El campamento del Chaparral era formado por centroamericanos y mexicanos que esperaban solicitar asilo o esperaban su cita con una corte para cruzar a Estados Unidos. Llegó a tener más de 800 personas, acampadas en tiendas de campaña frente al puerto fronterizo del Chaparral. Judith fue una de las pocas activistas que acudió al campamento para trabajar con las personas que se quedaban ahí, proporcionándoles información, supervisando sus necesidades e incluso organizando actividades culturales
  10. La Alianza Humanitaria Chaparral denuncia, Impacto (2022)
  11. Alianza Humanitaria Chaparral Video informativo. Psicólogos Sin Fronteras Baja California
  12. Después de que Biden pusiera fin al programa MPP, el Título 42 siguió en vigor hasta el pasado mes de mayo. En un momento dado, la CBP, Customs and Border Protection, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, empezó a conceder excepciones al Título 42 a solicitantes de asilo, en forma de parole humanitario, a través de organizaciones y albergues que operaban en las ciudades fronterizas. Entre estos albergues se encontraba Border Line Crisis Center. En efecto, se pidió que hicieran el trabajo de la CBP